Archivos por Etiqueta: reflexión

Rincón musical: a una mujer rota

Todos estamos interconectados. Podríamos hacer, sin esfuerzo alguno, una lista de 100 personas (y pocas son) que hayamos conocido, para bien o para mal, con mayor o menor profundidad, 100 personas con las que compartimos al menos un recuerdo. Vivencias, anécdotas, experiencias… Cada instante deja huella, algunas a flor de piel y otras, en cambio, llegan a arañar el alma. Es un tema peligroso. Tenemos demasiado poder en nuestras manos. Podemos joderle la vida a cualquiera o  bien engrandecerla. Podemos dejar cicatrices…

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Rincón expresivo: de ilusión se vive

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Hay dos momentos claves en esta vida: el momento en el que te das cuenta de que ya no eres un niño y el momento en el que comprendes que puedes serlo eternamente.

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Rincón expresivo: respirar

Al igual que el imperativo es el verbo más verbo de todos los verbos, el dolor es el sentimiento más sentido de todos. Y nos encanta. Sarna con gusto no pica. Si pasamos por un mal trance, nos quejamos; y cuando remontamos, recordamos lo bajo que caímos. Y es que el dolor nunca viene solo. Dolor a secas es un zosqui sin venir a cuento. Pero hasta eso esconde algo detrás. Si nos chocamos contra una farola, pensando en el significado más superficial del dolor, no solo nos acordamos del chichón, sino también de la vergüenza del topetazo por mirar la mierda del WhatsApp. Si lloramos por un desamor, no es un llanto como el de un niño pequeño al que se le cae el mantecao’ al suelo, no. Ese llanto va repleto de buenos momentos que, por perdidos, duelen mil veces más que una mala pasada. Y, sobre todo, el dolor nos hace sentirnos vivos. O sentirnos, simplemente. Porque estoy completamente segura de que no sois conscientes en absoluto de que tenéis dos orejas. Hasta que os entra un dolor de oído. Lo mismo con los dedos de las manos, hasta que os cortáis con un papel, que no hay corte que más coraje dé que ese. Todo duele hasta que se olvida. Quiero decir: no somos siquiera conscientes de que el dolor ha desaparecido. Tienes hipo hasta que no, y no tienes ni idea de cuál fue el último ni te importa; simplemente ya no lo tienes y te supone un gran alivio cuando te das cuenta, que puede ser a la hora o puede no darse nunca. Y si os preguntara ahora mismo si sois felices, más de uno respondería sin dudarlo que sí, que por supuesto, pero pocos son los mortales que vuelven de clase o del trabajo con una sonrisa de oreja a oreja. Sin embargo, cuando algún mal nos pesa en el alma no hay quien nos saque una sonrisa sincera. 

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