Una lengua es un ser vivo que nace, crece, se reproduce y muere. Está en constante evolución. Cambia y crece al ritmo de sus hablantes. Nacen nuevos términos y otros quedan en desuso hasta desaparecer definitivamente.

 Por ello se actualiza cada cierto tiempo, para ser más leal a la realidad de la lengua española. Sin embargo, a veces le es más fácil a la RAE adaptarse a los tiempos que corren que a los hablantes adaptarse a los cambios de la RAE, aunque estos cambios tengan, ciertamente, mucho sentido.

Aquí os ofrezco un breve resumen de la última normativa, si bien de esta hace ya cinco años (2010) y deberíamos estar ya más que hechos a los cambios.

  1. Exclusión de los dígrafos ch y ll del abecedario. Esto, realmente, se venía haciendo desde hace bastante tiempo, pero ya es oficial: de la ce pasa a la de, y de la ele pasa a la eme.
  2. Propuesta de un solo nombre para cada una de las letras del diccionario. El objetivo de esta propuesta es unificar los nombres de las letras entre todos los hispanohablantes, ya que, aunque en España no existe esta variedad, en buena parte de América distinguen la be de la uve hablando de la be alta o be larga y de la ve baja o ve corta, al igual que a la uve doble la llaman ve doble, doble ve o doble u. Lo más llamativo de esta propuesta, al menos ante los ojos de los españoles, es el cambio de nombre de la i griega, que pasa a llamarse ye, por analogía con las demás letras (be, ce, de…). Aun así, no se consideran incorrectas estas denominaciones, pues solo se trata de una recomendación. Lo que sí prohíben son las variantes para las letras z, que serán erre zeta, respectivamente.
  3. Sustitución, por grafías propias del español, de la q etimológica en extranjerismos y latinismos. Se deberá escribir cuórum en lugar de quorum, y en caso de no adaptar su grafía, tanto extranjerismos como latinismos deberán ser escritos en cursiva o entre comillas y sin tilde, para dar evidencia de su origen.
  4. Eliminación de la tilde en palabras con diptongos o triptongos ortográficos. Guion, truhan, fie, liais… Ninguna de ellas se escribe ya con tilde, puesto que son monosílabas y han de ajustarse al sistema de acentuación del español. Si nos ponemos a pensar, lo raro es que la tuviera antes, aunque eso se debe a la pronunciación, que a veces puede hacer parecer bisílaba una palabra monosílaba, cuando se establece que dos vocales cerradas (i, u) forman diptongo, aunque quieras hacer más énfasis en una que en otra.
  5. Eliminación de la tilde diacrítica en el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en caso de ambigüedad. Este cambio, quizá el que menos acogida ha tenido entre los hispanohablantes, es uno de los más lógicos, ya que, por definición, no se puede aplicar la tilde diacrítica, puesto que esta es la que distingue una palabra tónica de una átona, y entre los casos citados no hay palabra átona alguna. Los casos de ambigüedad ya no se contemplan, pues siempre hay una forma de forzar una única interpretación.
  6. Supresión de la tilde diacrítica en la conjunción disyuntiva o escrita entre cifras. Esta tilde no está justificada ni desde el punto de vista prosódico (puesto que esta conjunción es átona) ni desde el punto de vista gráfico (ya que se distingue por espacios y tamaño tanto en la escritura mecánica como en la manual).
  7. Norma sobre la escritura de los prefijos. Se escriben unidos a la palabra que la acompañan siempre que se trate de una sola palabra (exnovio). Si la base a la que afectan se tratara de más de una palabra, se escribiría por separado (ex primer ministro). En el caso de tratarse de un nombre propio o una sigla, el prefijo irá unido mediante un guion, ya que en español no existe la mayúscula a mitad de palabra (mini-USB, pro-Obama).
  8. Equiparación en el tratamiento ortográfico de extranjerismos y latinismos, incluidas las locuciones. Aquellos que se utilicen con grafía y pronunciación originarias deberán escribirse en cursiva o entre comillas. Si se adecuan a las normas ortográficas del español, se escribirán en redonda (ballet/balé; paddle/pádel). Así se hará también con las locuciones latinas (grosso modo, motu propio, sine die…).

Hasta aquí las actualizaciones ortográficas que tuvieron lugar en la edición de la Ortografía de la lengua española de 2010. Has tenido cinco años para adaptarte. No te quedes atrás, ¡actualízate!

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Escrito por Rosa R. Galisteo

Filóloga y correctora ortotipográfica y de estilo.