Cuando pensamos en una corrección de textos o en la labor de un corrector, enseguida se nos viene a la cabeza el sector editorial. Pero esto ocurre porque es dicho sector el que suele mimar más las formas y buscar la perfección en sus obras, no porque sea el único ámbito en el que se requiere expertos de la lengua. Me explico: en esta era comunicativa en la que vivimos, la lengua es comunicación, y la comunicación es poder. La expresión y comprensión escrita es el hilo conductor de todo cuanto se nos ofrece. Todo acto comunicativo tiene un objetivo, ya sea informar, vender la calidad de un producto o convencerte de todo lo contrario. Que se cumpla o no ese objetivo está en manos del emisor. Porque tu redacción habla de ti. Habla de tu preparación, de tu interés o del tiempo que dedicas a tu negocio.

Si confiamos en una empresa de cierta envergadura y calidad, lo mínimo que esperamos de ella es que su personal tenga unos conocimientos básicos. Aprendemos a escribir desde los 5 años, y nos llevamos haciéndolo toda la vida, ¿no es así? Qué menos que escribir bien. Lo cierto es que la lengua no es tan sencilla como parece, y que un ingeniero aeronáutico no suele tener la misma capacidad de defenderse con ella como un filólogo. Pero, ¿qué impresión da encontrar una redacción pésima en aquellos en los que confías y en los que te dejas el sueldo? ¿No parece, a veces, que hayan puesto a redactar a un mono de circo? ¿Inspira eso confianza?

El corrector no está solo para que tu novela quede bonita o para que tu poema tenga las comas bien puestas; el corrector está para que cosas así no ocurran:

Santalucía1

Procura siempre que profesión y profesionalidad vayan de la mano y ten mucho cuidado con lo que dices y cómo lo dices.

Escrito por Rosa R. Galisteo

Filóloga y correctora ortotipográfica y de estilo.