El martes pasado hablamos del contexto histórico del siglo XVIII, que es fundamental para entender la literatura del momento. A continuación veréis por qué.

 

La literatura española en el siglo XVIII

Aunque el siglo de las luces haya sido de gran importancia en nuestra historia, no se lo debe, precisamente, a la Literatura de su tiempo. Y esto se da por distintas razones: en una época de luces, de importantes avances en el pensamiento, los intelectuales prefieren aplicarse a ellos; dado el absoluto predominio de la razón, ciertos impulsos para la creación artística son reprimidos; y el racionalismo clasicista francés, que es la estética vigente en toda Europa, encorseta con sus reglas y preceptos la creación literaria.

Podemos distinguir en las letras dieciochescas tres etapas:

  • La lucha contra el barroco y la toma de contacto con el clasicismo francés. Esta etapa llega hasta, aproximadamente, 1750. La actividad dominante es la crítica, y todos se interesan más por la sátira y el ensayo que por la creación artística. El estilo se hace claro y sencillo.
  • Neoclasicismo. Hasta final de siglo. Bajo el imperio de la razón, se aceptan ciertos preceptos por los que la literatura vuelve a nacer. Se desdeña en gran parte nuestra literatura barroca; triunfa la regla de las tres unidades que Lope rompió y la lírica queda prácticamente reducida a poemas insustanciales. Predomina el prosaísmo.
  • Prerromanticismo. En las últimas décadas del XVIII, y oponiéndose al triunfante Neoclasicismo, se produce una reacción sentimental que desencadena el gusto por temas emotivos, nocturnos y lacrimosos que preludian el Romanticismo del siglo siguiente.

Lucha contra el Barroco

La mentalidad y la estética barrocas, ya convertidas en meros formalismos sin alma, en pura retórica vacía, cae en decadencia. Contra este estilo luchan la Academia e importantes escritores, como Ignacio Luzán (1702-1754), quien intenta regular la literatura mediante preceptos, o Fray Benito Feijoo, que cultivó un solo género literario: el ensayo.

El Neoclasicismo

Frente a esa primera generación que explota, principalmente, la crítica, hay una segunda que intentará ser creadora. Pero estos se encuentran con un dilema: no saben qué preceptos seguir, ya que la tradición literaria del siglo anterior les parecía de espanto. En esa tesitura nació el Neoclasicismo, un movimiento breve que se caracterizaba por los siguientes rasgos:

  • En el teatro, adoptaron, como comentamos antes, la regla de las tres unidades (acción, lugar y tiempo), se alejaron de lo imaginativo, lo fantástico y lo misterioso y separaron radicalmente lo cómico y lo trágico.
  • En la poesía trataron temas pastoriles y exaltaron los placeres elementales y filosóficos. El poeta solía enmascarar sus sentimientos, y su lengua poética desechó las metáforas violentas para crear un estilo prosaico y desvaído.

El neoclasicismo se manifestó en España, simultáneamente, en la escuela salmantina y en el grupo madrileño. A veces se encontraban en estos textos atisbos sentimentales y prerrománticos.

El Prerromanticismo

Aparece en la segunda mitad del siglo XVIII como una reacción contraria a las letras del momento. Esa oposición se da en los siguientes rasgos:

  • El Prerromanticismo afirma el predominio del sentimiento frente a la razón. Los escritores expresan en sus obras sentimientos tristes y exaltados.
  • Se muestra receloso ante las “reglas”, aunque muchos las aceptan.
  • Prefieren, en lugar de una naturaleza tranquila, los paisajes de tormentas, escenas nocturnas y tumbales, apariciones fantasmagóricas, etc.

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Escrito por Rosa R. Galisteo

Filóloga y correctora ortotipográfica y de estilo.