Tú no podías respirar

Y yo posaba mi mano en tu pecho.

Como cuando mi madre me lamía las heridas

Con las palmas de sus manos,

Sabiéndose dueña de algún superpoder

Capaz de espantar a todos los demonios

Que habitaban mis centros.

 

Y yo posaba mi mano en tu pecho

Y tus lágrimas no cesaban.

Y me dolías, me matabas.

Intentaba levantarte pero caía contigo

Porque mi mano nunca fue firme;

Porque me vencían tus circunstancias.

Desde el amanecer hasta llegado el ocaso,

El cielo vestía de mil colores

A dos almas en pena

Que apenas podían ya distinguir

El blanco del negro.

 

Pero ahí estaba yo,

Con mi mano en tu pecho,

Frustrada del quiero y no puedo;

Del te quiero y no te puedo.

 

Y tú me contagiabas el llanto,

Los temblores, las náuseas,

El vacío que me devoraba los pulmones…

 

Juré que vencería a tus demonios

Hasta que me convertí en uno de ellos

 

Aquí parte de mi pequeña y humilde aportación al mundo lírico y literario. Poema incluido en una antología poética de poetas nóveles, experimento de Ediciones En Huída, quien lanzó, hace apenas unos meses, ocho antologías poéticas, una por cada provincia de Andalucía. Salitre 15 es la mía, y no puedo estar más agradecida por el hueco que se me cede en ella. Estos versos nacieron de una realidad y me duelo de ella cada vez que los leo.

Escrito por Rosa R. Galisteo

Filóloga y correctora ortotipográfica y de estilo.